Saturday, September 28, 2002

¿ Repetir o refundar ?

Re-visar, re-leer, re-pensar, re-ordenar, re-mixar, re-fundar.
Con el acelerado devenir de los tiempos las interacciones de distintas disciplinas,
hacen que contemos con mejor calidad, en todas las áreas.
En nuestro deseo esta la opción de estar en el sitio y el momento preciso, para re-hacer
nuestra voz, que desde siempre intentaron callar. Sabemos del estado financiero que nos toca ( historia de siempre), esto, nos tiene que llevar por nuevas sendas, interactuando, experimentando, cooperando hasta encontrar ese nuevo "sonido".
Hoy y para siempre entendamos que solo contamos con nosotros y que los gobiernos de turno están ocupados y/o entretenidos con lo que a ellos les toca... refundar.
Próxima estación, pasajeros al tren, ultimo aviso!

Rubén Sergio Amarilla
Fábula de la chicharra plebeya y el árbol estúpido
Por Enrique Acuña
En el siglo XVI había un Rey que se creía sol y decía “El Estado soy yo” mientras los poetas se morían... de risa, claro. Era la Francia de la monarquía absoluta pero se permitían las fiestas donde las damas plebeyas se infiltraban con ironía en los salones a escuchar a Rabelais o Moliere, pagados por la corte. El chiste era un modo de hacer de la literatura una política.
Las fábulas fueron entonces un instrumento para criticar las costumbres aunque daban la ilusión de llevar una moraleja. Recordemos una fábula de Jean De La Fontaine que ya parecía influenciado por una inmortal chicharra.
“Cantó la cigarra el verano entero, y al llegar el frío se encontró sin nada: ni una mosca, ni un gusano. Fue a llorar su hambre a la hormiga vecina, pidiéndole para vivir que le prestara grano hasta la estación venidera.
-Te pagaré -le dijo- antes de la cosecha la deuda, a fe mía.
Más la hormiga no es generosa, éste es su menor defecto.
-¿Qué hacías tú cuando el tiempo era cálido?- preguntó a la necesitada.
- Cantaba noche y día libremente.
- ¡Conque cantabas! ¡Me gusta tu frescura! Pues baila ahora, amiga mía.”
Este drama cómico podría evocar la forma en que nuestros gobernantes piden limosna y a las hormigas que guardan los gusanos verdes...pero como no nos gusta un país muerto, con exilados afuera, nosotros aquí o allá creemos poder crear en crisis. Por eso nos interesa más saber la metamorfosis de la chicharra, cómo vuelve cada vez diferente, a reiterar su llamada.
Dicen que la chicharra es una cicada plebeia, insecto hemíptero del pueblo, charlatana de alas membranosas, sobreviviente después de las secas ¿será una voz de la chusma urbana? . Vulgar a veces, otras cortesana, insistente despertador, su canto melancoliza los campos, pero también alerta. Ella sabe cantar la palabra justa que trae en su viaje por el tiempo desde cuando encantaba a los antiguos (1)
Una vez en un monte de Corrientes me sorprendió: era la misma voz que yo había escuchado antes. Para despertarme ahora, parecía un ánima sobre la tumba de mi antepasado: su cuerpo seco agarrado a la piedra, como una cáscara eterna que mostraba en su semblanza sus mudanzas.
Otra vez la volví a escuchar, pero ahora en la costa del Río de La Plata: era el sonido recreado, pero la misma música que persevera en decirme algo! -pensé- Era verde, apoyada sobre el tronco de un viejo sauce. Por lo bajo, había un niño con enormes ojos que estaba listo para atraparla, entonces la cantora decidió pedir ayuda al sauce para esconderse en su hueco.
El árbol era estúpido (2) y no dejaba de llorar...porque le habían cortado sus ramas que besaban el río, que era dulce y entonces agradecía las lágrimas porque le daban un poco de sal.
-Hagamos un intercambio - dijo- cantaré tan fuerte que la motosierra se callará. Pero a cambio debes alojarme en ese hueco, quiero oír las voces que habitan ahí. Esas que chillan en lunfardo, roncan en guaraní, chusmean en castellano y sueñan en inglés...aunque mí nombre sea en latín!.
El árbol aceptó el trato. Frente al canto, la motosierra huyó espantada con zumbidos de oído y el niño finalmente se quedó con las manos vacías de lágrimas. Después en el hueco, a cambio de otra metamorfosis de vida y mezclada con otras criaturas la cigarra aprendió a hablar una nueva lengua.
Así, con este lenguaje nuevo queremos comenzar La chicharra viajera : ella desea forzar nuestras viejas costumbres para forjar una voz nueva que articule el arte de cada uno.-

(1) Repetición entre nuestra cigarra y el ruiseñor que escuchaba Borges: ”Quizá nunca te oí, pero mi vida se une a tu vida, inseparablemente” que era el mismo que escuchaba Keats: ”la voz que oigo esta noche fugaz es la que oyeron en los días antiguos, el labriego y el rey ”
(2) “Ahora un árbol se muere, lloran sus ramas por todo lo dicho antes.(...) Lloran sus ramas, animales en cautiverio, lloran sus ramas por él, hombre/ que nunca deja el cautiverio. Lloran sus ramas, por el hombre que no puede hacerlo, porque el dinero no se llora, porque el suicidio no se llora.(...)/ Llora apenas, yo también.../La motosierra no deja de atravesarlo... no deja de atravesarme”. de El árbol estúpido , cuento de Gustavo Oviedo.-